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viernes, 4 de octubre de 2013

La educación en la II República



La educación en la II República estuvo influenciada por las ideas de la Institución Libre de Enseñanza que había creado Francisco Giner de los Ríos en 1876. La Constitución de la República española de 1931 recoge gran parte de su ideario. La política educativa republicana creó un sistema educativo unificado, público, laico y gratuito al menos en la enseñanza primaria. También implantó la coeducación de niños y niñas, inexistente hasta entonces en los centros religiosos. 

La educación se consideró un derecho que el Estado debía garantizar a todos los ciudadanos para lograr la igualdad de oportunidades. Como la Iglesia sustentaba un sistema educativo propio que competía con el estatal, se prohibió que las asociaciones religiosas ejercieran la enseñanza. Esta fue una medida muy difícil de aplicar, ya que se produjo un vacío de maestros y centros de enseñanza. Los gobiernos posteriores de centro-derecha (1933-1936) suspendieron esta medida, así como la coeducación obligatoria, por lo que los centros religiosos permanecieron abiertos. Además, la Religión dejó de ser asignatura obligatoria, lo que agudizó el enfrentamiento con la Iglesia.

Aunque los recursos presupuestarios resultaban insuficientes, la II República hizo un gran esfuerzo en la formación de profesores y maestros, en la constitución de escuelas y la dotación e becas para que los estudiantes más necesitados o más capacitados pudieran seguir estudiando. El balance del régimen republicano en el ámbito educativo fue espectacular si se compara con los períodos anteriores, ya que se crearon entre 7.000 y 13.000 plazas docentes y un número similar de escuelas primarias, además de 31 institutos, que se sumaron a los 80 existentes. Igualmente relevantes fue la formación continua y pedagógica de los maestros y la difusión del libro, al dotar a las pequeñas localidades de bibliotecas públicas, escolares y municipales: a lo largo de la II República se crearon un total de 5.000.

Los maestros y profesores constituyeron uno de los apoyos más importantes de la II República; por ese motivo, fueron quizá el grupo socioprofesional más represaliado durante la Guerra Civil y la posguerra, sufriendo numerosos despidos por motivos políticos y ejecuciones arbitrarias.

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